domingo, 6 de noviembre de 2022

Soplar y sorber en la Transición Ecológica

En mi insistente búsqueda del martirio personal, me he puesto a ojear la prensa patria esta mañana, pero tras revisar ABC, El País y Público, mis fuerzas no han dado para más. Tengo poco aguante. Quizá cada vez menos. 

Bueno, al lío, me ha llamado la atención la atención que dedica el diario Público a la cuestión ecologista - climático - energética con varios artículos dedicados al asunto.

Se hacen eco los publicanos de la última Cubre del Clima. Se celebra en un país tan comprometido con la democracia como Egipto, donde todo es paz, armonía y libertad de expresión. Que digo yo, que habrán elegido el lugar para cumplir con algún tipo de cuota de esas que se imponen ahora. Según parece los países que más sufren el cambio climático van a pedir rendición de cuentas para compensar sus problemas climáticos. No especifican a quién, y aunque España está teóricamente entre las zonas más afectadas, seguro que nos toca estar otra vez entre los paganinis

Luego hablan de lo fantástico que es el coche con pila de hidrógeno. No sé pero a mí me han convencido. A pesar de que es una inversión para la que hay que rascase el bolsillo, parece que es la panacea de la movilidad sostenible. Lastima que al entrar un poco más a fondo en el artículo parece que no voy a poder subirme al carro, porque ya no sólo es la pasta que cuesta el juguete (entre 70 y 76.000 €), sino que también conlleva mudarse a una de las tres provincias españolas que cuentan con estación pública de suministro de Hidrógeno verde (Ciudad Real, Albacete y Huesca). Mucho cambio e inversión va a ser para mis posibilidades. 

También se preguntan por qué no despegan las energías renovables y analizan una serie de factores que dificultan su expansión y la inversión, aunque no está del todo claro teniendo en cuenta que todo son ventajas y lo importante que es el asunto para reducir las emisiones y la dependencia de terceros países. Claro que si seguimos leyendo más artículos del comprometido diario, quizá podamos encontrar alguna respuesta al anterior interrogante en la oposición de los ecologistas gallegos a la instalación de un mega-parque Eólico en una zona protegida de Ourense. Oye, que sus razones tienen, pero que vamos, ayudar no ayudan a la transición verde esa que con tanta ansia esperamos. Es muy gracioso como exponen sus motivos: 

- "cerca del 40% de su superficie ocuparía humedales catalogados", es decir, no es que ocupen el 40% del humedal catalogado, sino que, de la superficie de la propia instalación, el 40% ocuparía un humedal catalogado, aunque no informan de qué impacto tiene esta okupación (esta es mala) sobre dicho humedal más allá de la superficie del mismo (escasa) que ocuparía. 

- "alerta del impacto visual de los megamolinos, que afectarían a entre el 96% y el 99% del Área de Especial Interés Paisajístico". Debe ser muy traumático (para alguien extremadamente sensible, entro los que no me encuentro) ver los megamolinos (adviértase que cuando se habla de ecología, si una palabra lleva mega o giga delante, es mal). Lo que no entiendo es por qué no dicen el 100% porque si se instalan los va a ver toda la peña dotada de apéndices visuales. 

En fín Pilarín, que como siempre, sí, pero no. 


domingo, 30 de octubre de 2022

La neutralidad de Twitter

Me hace gracia la importancia que se da al hecho de que Elon Musk haya comprado Twitter. 

Como compra impresionante, lo es. Aunque sólo sea por la pasta que implica. 

Yo soy un usuario, relativamente antiguo, pero poco entregado a la causa de la evangelización tuitera.  Y al mismo tiempo, observo como la mayoría de las polémicas que tanto nos apasionan tienen un mínimo impacto en la vida real. Mi madre, mi suegro, mi mujer, mis hermanos, casi todos mis sobrinos y el 50% de mis hijos ignoran la existencia de la red del pajarito con una facilidad pasmosa. 

La cuestión es que, a todos los que estamos enganchados, nos parece lo máximo, pero lo cierto es que cuando "arden las redes", no desprenden ningún calor en la calle que impida que la vida continúe con su terca mansedumbre inexorable. 

A mi me gusta, sobre todo, porque me permite debatir en ocasiones con gente muy distinta a mi modo de pensar, pero creo entiendo que hay muchos usuarios para los que es su sagrada trinchera en la que defienden los más altos e irrenunciables principios. 

En este sentido, anda parte de la "derecha" tuitera celebrando la compra porque "se va a acabar la censura", "le van a devolver la cuenta a Trump", y sobre todo porque básicamente "se ha ganado una batalla contra la izquierda mainstream que dominaba al pajarito" y sobre todo "se va a recuperar la neutralidad de Twitter". 

Bueno, puede que haya alguna pequeña realidad matizable de todas estas afirmaciones, pero lo que de verdad importa, es que todo esto esto, sobre todo lo de la neutralidad, es algo que dependerá de la voluntad de un señor que será tan neutral como les salga de las narices y que, si se cansa del juguete, lo venderá al mejor postor o lo dejará morir sin despeinarse. 

domingo, 11 de septiembre de 2022

El solterín (V)

No es que sintiera envidia sobre cómo se lo había montado Luis, pero sí es cierto que, haciendo examen de conciencia, de todos los miembros de la banda, una vez tamizados por el tiempo, el que parecía más auténticamente feliz era Luis. Y no me refiero a una felicidad de anuncio de Compañía de Seguros, sino a un estado cercano a la paz consigo mismo, que viene a ser lo más parecido que se puede considerar a la Felicidad. 

Porque, el que más y el que menos, tenía sus problemillas. El que no estaba entrampado hasta las cejas en una huida continua hacia adelante, tenía una vida familiar cuando menos tormentosa, o le daba al alpiste más de lo recomendable, o peor aún, era un lamentable adolescente cuarentón ignorante de su patetismo, o todo junto sin orden ni concierto.

Sin embargo, Luis, con sus cosas, sus cositas, parecía completamente ajeno a todos aquellos problemas. 

En todas estas reflexiones debí quedarme dormido en algún momento cercano, cuando alguien me agitó suavemente: 

- Oye, que yo me voy a ir al curro, y supongo que tú deberías hacer lo mismo ¿no?

Así, con su sonrisa beatifica y un poco de sorna, pero ninguna piedad, me despertó Luisito a la mañana siguiente. Entre mi aturdimiento valoré la cobertura legal que tendría el abandono forzoso del domicilio familiar como excusa para ausentarme del trabajo, pero no encontré precedentes favorables, así que decidí incorporarme del sofá, darme una ducha y disponerme para ir al trabajo.   

lunes, 15 de agosto de 2022

Impresiones griegas


La gente dice que doy la apariencia de ser muy tranquilo, aunque aseguro que no es oro todo lo que reluce. Una de las muchas causas que me inquieta es viajar, sobre todo en vacaciones. Cada vez que viajo, me pongo nervioso. No puedo evitarlo, es algo superior a mi razón. 

Para añadir inquietud a mi atribulado espíritu, elegimos como destino de vacaciones familiar un país con una lengua absolutamente desconocida, a más de tres horas y medio de vuelo de casa, con 4 cambios de alojamiento en 12 días, alquiler de coche y ferry. 

Para mi sosiego, tras un vuelo nocturno en el que, por supuesto, no pegué ojo, llegué a una ciudad que no me resultó extraña. Al fin y al cabo, los aeropuertos y alrededores son similares en todas partes, pero no sólo eso. El callejeo del taxi que nos llevó al apartamento de Atenas también mostraba una fisonomía de ciudad parecida a la de cualquier capital de provincia española. Evidentemente, esta impresión era una mera y simple primera vista. Luego, cuando bajas al terreno, empiezas a notar las diferencias. Para empezar, aquél lunes primero de agosto, nos obsequió con un mercadillo callejero de fruta y verdura en la perpendicular a nuestra calle. Eso fue como transportarse en el tiempo varias décadas hacía atrás. La fruta se tocaba con las manos, sin guantes de plastiquillo ni zarandajas parecidas. Nos daban a probar la increíble variedad de aceitunas, los tomates, o los albaricoques para convencernos de su idoneidad. 

El calor, el mismo que en Madrid. Menos temperatura, pero un sol de justicia y unas cuestas que hacían que cualquier actividad en las horas centrales del día requiriera un esfuerzo notable. 

El tráfico y sus usuarios también merecen mención aparte. El tráfico no es caótico en principio. Al menos no lo sería si ignoráramos el comportamiento y la cantidad de motos que hay en la ciudad. Eso es lo que marca la diferencia, en este caso a peor. Son muchos y además pasan de todo. Los que van con casco son minoría y colarse entre los coches y hacer pirulas es la regla general. Luego están los que van de tres en tres, y los habilidosos que van fumando o llevando el café o cualquier otro brebaje con una mano y el acelerador en la otra. 

Sobre la comida, mi impresión ha sido positiva y negativa. Me explico. Los primeros contactos son buenos. Casi en cualquier sitio te preparan una excelente moussaka, o tzaziki, los gyros, los souvlakis, o su típica ensalada, pero no les saques de ahí. Lo que hace que, cuando llevas varios días, te lances sin ninguna vergüenza sobre un plato de pasta o una hamburguesa. En la costa si he probado pescado en condiciones, pero la variedad es escasa. 

Repecto al país en sí, pues sí, el viaje ha merecido la pena pese a todos mis "padecimientos". Es altamente impresionante, y "piedras", playas impresionantes y aguas transparentes aparte, me ha llamado la atención tanto lo montañoso que es, como la cantidad de vegetación que presenta en la mayoría de los sitios en los que he estado (Atenas, Delfos, Galaxidi, Cefalonia y la costa norte del Peloponeso). Supongo que esperaba encontrarme muchos más sitios áridos, que los hay, pero se trata de excepciones al verdor general de las laderas y las llanuras de olivos y vides. En este sentido, algo que me ha sorprendido negativamente ha sido mi experiencia tanto con el aceite como con el vino local. La verdad es que es algo que no acabo de entender. Tuve la oportunidad de observar más detenidamente los olivos, y desde mi más absoluto desconocimiento, hubo un par de detalles que me llamaron la atención: primero, que en la mayoría de los olivares, los árboles estaban demasiado juntos, comparando los que he visto en infinidad de ocasiones en la zona de Jaén, y la otra diferencia es el terreno en el que están que no parece limpio de hierbas ni preparado para recoger la aceituna. No sé, parece como si ésta no mereciera la pena cogerla. Quizá las aceitunas me parecieron demasiado pequeñas. 

En cuanto a la gente, y exceptuando a los motoristas atenienses, me ha parecido que es educada, respetuosa y siempre dispuesta a ayudar con un inglés correcto que casi todo el mundo maneja. Buena gente en un buen país. Me da a mí que volveremos algún día.  



domingo, 27 de febrero de 2022

El solterín (IV)

 El paso del tiempo implacable se fué llevando nuestra juventud y con ella nuestra adolescencia y las taras propias que conlleva. 

Un poco a empujones, acabamos el instituto con mayor o menor fortuna, y nos introdujo a la mayoría en la Universidad en la que nos prepararíamos para integrarnos en la vida adulta. La verdad es que nuestro grupo no aportó una colección de brillantes pensadores, hábiles economistas, o eminentes científicos, sino más bien un poco más de carne de cañón sin más para el perturbador mundo laboral. 

Pero, todos no. Luisito si consiguió despuntar como un alumno sobresaliente en la Escuela de Telecomunicaciones. Su dominio de los algoritmos y lenguajes de programación le convirtió en un codiciado profesional para grandes compañías. Sin embargo, su carácter ratonil y su torpeza social acabaron estampándole la etiqueta de genio raro. Además es que él no tenía ni grandes ambiciones ni grandes necesidades. Con su pisito, sus frikadas y un buen cargamento de jamón de york y queso en la nevera (su alimentación básica) era sobradamente feliz. 

Tampoco le llamó la Madre Naturaleza por la vida de pareja. De hecho, ni siquiera se le conoce relación alguna. Su interés por el sexo contrario (o por el propio) parecía ser nulo. Recuerdo que en alguna ocasión observé como se quedaba alelado por segundos al pasar alguna chica que, por otra parte, no tenía nada de especial en mi opinión. En todo caso, dicho ensimismamiento parecía tratarse únicamente de un error de su sistema operativo que, una vez reseteado, volvía a funcionar con normalidad. 

Sea como fuere, más de veinticinco años después del Instituto Luisito se había configurado una existencia cómoda y solitaria en un muy digno apartamento perfectamente situado para sus necesidades. No tenía más necesidades, ni aspiraciones y vivía de manera relajada sin agobio de ningún tipo. Siempre disponible para cualquiera de nosotros, sus colegas del Insti.  

viernes, 28 de enero de 2022

Ucrania y desinformación

Lo que ocurre en Ucrania parece depender del color del cristal con que se mira. 

No debería ser así, más que nada porque hay hechos históricos perfectamente documentados y hasta ahora aceptados que debería dejar las cosas claras para todo espectador no involucrado. Pero ahora no es así. Ahora se reescribe la Historia continuamente. Lo que ayer era blanco, hoy es cuando menos gris oscuro, casi negro. 

No hace falta remontarse al Rus de Kiev para poder interpretar la situación, pero a poco que se conozca la historia de las relaciones entre la URSS o Rusia y Ucrania en los últimos 100 años se puede adivinar que no ha sido todo amor. No es nada nuevo: países vecinos, con poblaciones mezcladas que se miran con demasiado recelo. La Historia está plagada de ejemplos. 

Lo que me sorprende es esta capacidad que tenemos en Occidente para retorcer los hechos y reinterpretar lo que ya estaba bien clarito. Ahora el Euromaidan fue una injerencia de la UE y la OTAN, pese a que la OTAN no pintaba nada en esa vaina. El millón de personas que tomó la plaza entonces eran poco menos que agentes de la CIA y todos los ucranianos son unos títeres de la OTAN que, por supuesto, les ha abducido. 

Por ello, cuando un asunto se embarra de esta manera, lo mejor es acudir al Derecho, en este caso el Derecho Internacional Público. Desde 1991 Ucrania obtuvo su independencia y se constituyó como Estado soberano con una población y un territorio cierto delimitado por unas fronteras muy claras. Al menos eran claras hasta que en 2014 unos hombrecillos verdes con estructura de ejercito de una gran potencia, pero sin banderas ni distintivos de ningún tipo, ayudaron a unos patriotas rusos a declararse independientes de Ucrania para, acto seguido, declararse dependientes de la Federación Rusa. Pese a lo anormal de esta situación, nadie movió un dedo más allá de algunas sanciones económicas que evidentemente no consiguieron revertir esa extraña situación. 

Pero bueno, volvamos al debate jurídico. Cualquier Estado soberano es libre de establecer las alianzas que considere oportunas para mejorar su comercio, su cultura, o la defensa de su territorio. Considerar lo contrario es sencillamente  dogmático y manipulador. Considerar que se puede doblegar la voluntad de un estado soberano acumulando tropas en su frontera bajo la amenaza de invasión y luego mantener una negociación con otra potencia sobre el futuro del país amenazado es simplemente una sinvergonzonería que debe preocuparnos. 




jueves, 27 de enero de 2022

Monerías y redes sociales

Cuando me enteré de la existencia de las redes sociales, me apresuré a abrir una cuenta en Facebook. No sé que fecha sería. El registro de actividad de mi cuenta me deja llegar a Abril de 2008, pero yo creo que tenía la cuenta desde varios años antes. 

Recuerdo que al principio me pareció fascinante el hecho de poder buscar y encontrar a todo tipo de gente que había formado parte de mi vida. Encontrabas a alguien, no sé, del colegio y conectabas, y veías sus fotos y le preguntabas que qué tal todo, que si el trabajo, la familia... En un período relativamente corto de tiempo alcancé un número de "amigos en Facebook" realmente abultado, al menos a mi entender. Con el paso del tiempo, lejos de ver esto como una ventaja, empezó a ser un inconveniente tanto el ver comentarios con los que no simpatizaba, como a inhibirme de publicar según qué opiniones absolutamente personales. El problema no era la gente sino la publicidad de publicaciones personales y la interacción como fruto de esa publicidad. 

A ver, es cierto que no tengo 300 amigos, pero de todos los amigos que he tenido en Facebook, a ninguno he aceptado por compromiso. Todos ellos es gente con la que he sentido cierto vínculo, simpatía o cercanía en alguna etapa de mi vida, y a los que por tanto, guardo cierto grado de cariño. Gente entrañable de algún modo. De todos guardo algún buen recuerdo.  Por eso me resultada incómodo ser testigo de algunas declaraciones demasiado personales y discusiones de terceros sobre las mismas , que a su vez me hacían pensar que mis oportunísimas reflexiones podrían ser consideradas ofensivas o extrañas si se leían sin conocer el contexto que las daba origen. Resulta gracioso ahora recordar los correos de publicidad que recibía sobre unas aplicaciones que te revelaban quién te había dejado de seguir en Facebook. De este modo he ido dejando de usar Facebook manteniendo un perfil bajo desde hace muchos años. Entiendo que es una herramienta que puede ser muy útil para vender algo, pero francamente, la venta nunca ha sido lo mío.  

Mi conclusión, seguramente errónea, fue que era malo tener tantos amigos en una red social. Entonces descubrí Twitter y me uní en 2013. Me pareció, y me sigue pareciendo, la red que mejor encaja conmigo. Si no recuerdo mal, allí no tengo ningún amigo, simplemente seguidores (pocos) de quita y pon. Es cierto que tiene muchas cosas malas y que el anonimato hace crecerse a según qué pirados, pero en general, y si no se te va la pinza, me parece que es un medio muy interesante para mantenerse informado, tanto de los medios tradicionales, como y sobre todo, de los nuevos e informales, e incluso mantener discusiones bizantinas de alto nivel. Gente muy interesante, mezclada con gente extremadamente estúpida y un sin fin de gente tal vulgar como el que suscribe. Vamos, como la vida misma. 

Por último, y a fuerza de intentar (vanamente) controlar a mis vástagos, me hice una cuenta de Instagram, pero sinceramente, nunca llegué a usarla ni entenderla realmente. Mi control fue ampliamente burlado por todos los flancos y nunca llegó a interesarme. No obstante, ahora que ya esa batalla está perdida, me he intentado acercar a esta plataforma y, francamente, lo que he visto, no me ha gustado nada. No es por el contenido. Mucha gente guapísima, monísima y graciosísima, pero poco fuste. La cuestión es que te puedes pasar horas haciendo dándole con el dedito hacía abajo y descubriendo millones de videos de gente haciendo monerías que, tampoco es que aporten demasiado. 

Ah bueno, miento, también me hice una cuenta de Linkedin, pero sinceramente, sin comentarios. 


domingo, 16 de enero de 2022

Miedo a hablar

En casa discutimos. Sobre todo mi hija adolescente y yo. Mi mujer y mi hijo odian que lo hagamos, pero lo cierto es que cuando nos ponemos, es difícil parar. Supongo que, en su caso es porque, aparte de ser vehemente y extremadamente lista, también está bien informada y es esclava de su tiempo en cuanto a qué se debe pensar sobre qué asuntos. 

En mi caso no es así. No reúno tantas cualidades intelectuales. Soy consciente de que mi yo de 17 años habría considerado a mi princesa como un ser de luz inalcanzable intelectualmente hablando. No voy a entrar en detalles, pero mi herencia intelectual se compone de un mosaico realmente complicado de explicar. Bueno, en todo caso, lo que a mí me impide parar de discutir es el gusto por discutir en un entorno seguro

Eso es lo triste, que para hablar con libertad hay que hacerlo en entorno de confianza en el que el amor está por encima de las posiciones enfrentadas. De esta forma puedo argumentar con ella mi oposición a que las dosis de refuerzo, que me parecen una tomadura de pelo; a que la legislación que favorece a un género o una opción sexual es tan errónea como el propio machismo, o que hay que adaptarse al Cambio Climático más que "luchar" contra el mismo porque es absolutamente imparable.

Posiciones todas ellas que tan sólo serían entendidas por un viejo lesbiano, como diría F. Barrio, pero que el resto de la "opinión pública" consideraría de un fascismo ignorante obsoleto y repugnante. 

Cuando tenía 20 años me importaba una higa lo que opinara el resto, pero,  ¡ah amigo! con 50, un trabajo, dos adolescentes y un perro, prefiero tener un perfil bajo como dicen los criminólogos... los criminólogos, ¡tocate los pies!. 

En fín, es lo que hay. 

Por cierto "Señora que me llamó la atención el otro día por no llevar la mascarilla puesta en una calle desierta a pesar de que me la puse en cuanto me abroncó", ni soy mala persona, ni irresponsable. Solo estoy un poco harto, eso es todo. Ahora bien, también le digo que es posible si me vuelve a llamar la atención de una manera que considero injustificada, me echaré al monte sin remisión. Avisada queda.