viernes, 19 de octubre de 2007

El chándal (I)

Consultando el diccionario de la RAE, oh! fuente inagotable para espiritus sedientos de conocimiento, me encontré con la siguiente definición:

chándal.
1. m. Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios.

Vale, no es para tirar cohetes, pero lo que me pareció absolutamente demoledor y de hecho me ha sumido en profundas reflexiones es la etimología de la palabra:

(Del fr. chandail, jersey de los vendedores de verdura).

Por qué, Oh Fortuna, el jersey de los vendedores de verdura ha degenerado en una de las prendas más usadas y simbolicas de finales del Siglo XX? A esta reflexión he dedicado mis esfuerzos y mi tiempo de ocio (unos 3 minutos exactos desde el pasado viernes), y estas son las conclusiones:
Si hacemos un poco de historia y admitimos como premisa la etimología de la palabra la prenda evolucionó de los verduleros a los deportistas en un proceso del todo lógico. Al tratarse de una prenda cómoda, es lógico que se dedique a actividades deportivas. Lo que no queda tan claro es como los deportistas copiaron a los verduleros ¿hacían la compra ellos...? Lo considero poco probable.
Sigamos, de los deportistas, la prenda pasó a ser reivindicada por los "break-dancers" ochenteros (que momentos, madre mía). También es de lógica que dicha danza cuasi-atlética, precise de una prenda cómoda.
Lo que ya no está tan claro es el siguiente paso: los raperos, y es que estos tampoco es que se muevan mucho bailando, pero bueno podríamos buscar la explicación en el orígen de este movimiento en las canchas de basket neoyorquinas, pero ¿a que vienen entonces las cadenas de oro de a kilo?
Lo que ya me causa una absoluta perplejidad es como la prenda ha sido asimilada por esa figura tan nuestra como es la maruja. Esa maruja encaramada a unos tacones con su chándal puesto de buena mañana haciendo gestiones por toda la ciudad, eso sí, arreglada pero informal. Entonces se encendió la luz en mi cerebro habitualmente en tinieblas: Dios mio!!! entre las gestiones está hacer la compra, es decir, visita diaria al mercado, y entre los diferentes puestos, el de la verdura... Esta es la pieza que faltaba en el rompecabezas, las marujas, madres de deportistas, hicieron que sus deportivos retoños se chandalizasen y todo lo demás vino rodado...
Pero ¿por qué se fijaron tanto en como iban vestidos los verduleros? ¿que ha estado ocurriendo en las trastiendas de esos puestos de verdura entre pepinos y tomates? ¿por qué iban a la compra todos los días cuando está demostrado que se puede ir una vez cada 15 días? ¿explicaría esto la proverbial mala leche de las verduleras?
Desde estas reflexiones, vivo sumido en un mar de dudas, y no puedo por menos que esquivar la mirada del verdulero y elegir bandejas plastificadas antes de que él me escoja con sus expertas manos las mejores piezas... a saber donde las ha metido antes el muy guarro...

lunes, 8 de octubre de 2007

De los virus (y su prostituta progenitora)

Una semana. Llevo una semana (y lo que te rondaré morena) con un simpático virus instalado en mi prodigiosa anatomia, que me hace estar mermado, doblado, hecho polvo y agotado. Además, desde el viernes por la tarde, como fruto de alguna maniobra inadecuada con un churumbel, el catarrito se ha aderezado con una lumbalgia que me hace andar como el chiquito de la calzada.
Lo peor de todo es que tengo la impresión de que es el mismo virus hijo de la perrilla que abandoné el pasado mayo, y que ha estado de vacaciones cogiengo fuerzas y estudiando mi sistema inmonológico para joderme todo el invierno con alborozo y tesón.
Y es que, cuando no es un catarro, es una gasteroenteritis, o una lumbalgia, un eczema, insomnio, o pillarse los dedos con una puerta.... y cuando no tenemos nada de esto, salimos de cachondeo para tener una hermosa resaca resumen de todos los males anteriores.
Si, lo reconozco, soy un paciente lamentable, un quejica, lo que quieras, pero si llevo una vida cuasi monacal, si me porto mejor que Heidi, si soy bueno y obediente, si me abrigo e intento no andar descalzo... ¿¿¿POR QUE A MI???. Antes fumaba como un carretero, iba con mujeres y me castigaba el hígado con devoción (de hecho atribuía un efecto medicinal indudable al whisky con coca-cola) y no me ponía malo ¿es esto la vejez? Pues estamos apañados...
Por cierto, ¿el fin de semana? Bien (j..ido), gracias.
P.D.: Debo dejar de decir tacos.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Chunda, chunda, tachunda, chunda...

Esta es una de las razones más importantes, y también quizá la más estúpida pero que le vamos a hacer, por la que me gusta ser español: por que nuestro himno no tiene letra. Porque cuando, antes de quedar eliminados en cuartos de cualquier mundial de fútbol, miles de mis compatriotas cantan a pleno pulmón la "letra" del himno español sin rubor, con una sonrisa en los labios. Orgullosos de tomarnos a nosotros mismos de coña, de preferir una caña y un pincho de morcilla, a una comida "bio-saludable", de comer más allá de las 3 de la tarde y dormir la siesta a pierna suelta, de hablar a voces en bares, restaurantes y cualquier otro lugar más inadecuado, de tener niños molestos y ruidosos, de reuniones familiares capaces de pasar de los besos a las manos en cuestión de segundos ...
Pues si, así somos. Da igual que se haya nacido en Lepe que en Ferrol, la inmensa mayoría somos así y se nos reconoce donde quiera que vayamos.
Por suerte, o por desgracia, estas actitudes y comportamientos quedan relegados a nuestros momentos de ocio porque cada vez somos más europeos, pero el gen sigue agazapado esperando el momento para hacer algo inapropiado, para escándalo de algún inglés estirado, un serio alemán, o un exquisito francés.
Ahora quieren ponerle letra al himno... uff, que pereza. Indudablemente contendrá un montón de cursiladas incluyendo las palabras obligatorias en este tipo de ocasiones (tierra, patria, hermanos, sangre, dar la vida...), por más que pienso, no lo veo, prefiero el chunda, chunda.