domingo, 11 de julio de 2021

Me rindo al nacionalismo

Desde que Arzallus y Pujol eran muy importantes en España llevo renegando del chantaje al que, estos partidos regionales, han sometido al resto del país. Partiendo de la base de su mejor disposición económica, favorecida por su situación geográfica, un poco de suerte y un mucho de favores y privilegios claramente injustos con respecto a otras comunidades con similares carácteres, la ideología nacionalista decimonónica creó una supuesta superioridad étnica completamente falaz, ridícula y carente de todo argumento científico serio. 

En cualquier caso, lo hecho, hecho está y no creo que se pueda cambiar de ningún modo. Nadie va a convencer a un guipuzcoano que su capacidad es la misma que la de un  almeriense, o a un gerundense que su cultura está a la altura de un toledano. Son debates estériles que no llevan a ningún sitio ni aportan nada, excepto seguir alimentando el negocio nacionalista. 

Por eso, porque no hay solución buena, yo prefiero rendirme. No porque hayan ganado, sino cómo medida puramente estratégica. El nacionalismo se basa en una dinámica de confrontación soportada por una retórica épica sobre la nobleza de sus gentes, frente a la tiranía de las miserables gentes de la potencia dominante. Da igual que sea mentira y tergiversación, da igual que de una anécdota se haga categoría, da igual todo, porque al fin y al cabo, el negocio, que lo es, debe seguir funcionando. Es por este motivo, para hacer que el negocio deje de funcionar y que todas esas energías se dediquen a algo productivo, prefiero que si efectivamente tanto lo quieren, que lo deciden y, en su caso que lo ejecuten hasta sus últimas consecuencias. 

Esto no es un alegato en contra de la legítima política seguida hasta ahora. Desde la lucha anti-terrorista de la etapa democrática, hasta las "represión" del 1 de Octubre. Con sus muchos aciertos, y sus pocos fallos, ha sido la que se tenía que hacer. Los aciertos se han basado en la paciencia, la discreción, la negociación y la firmeza cuando ha tocado. Mucho trabajo, paciencia e incluso sangre para no llegar a ningún sitio claro y para seguir alimentando el negocio. Los fallos aprovechados hasta la nausea para seguir creando el relato de la opresión que sostiene negocio. Creo que la única forma de acabar con esto es terminar con el negocio dándoles a decidir si quieren echar el cierre definitivamente.  

Por supuesto, siempre estaré con los paisanos que sienten tanto su región como nuestro país común. Creo que, en el eventual escenario de una secesión, siempre se les recibiría con los brazos abiertos, ya fuera para establecerse en España o para venir de visita. 

En fin ¡Viva España! y ¡Vivan todos los que españoles allá donde estén!

 


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