lunes, 14 de enero de 2008

No debo ser envidioso (x 100)

Pasado el momento del cambio de año, el momento cursi y banal, he descubierto cual ha de ser mi propósito para el año nuevo (que le vamos a hacer, soy así, de reacciones lentas). Voy a intentar no ser envidioso.
Por qué? Pues porque he observado que las cosas que me cabrean, lo hacen más por comparación que por el hecho mismo cabreante. Veamos un ejemplo, estoy en una frustrante cola para hacer una gestión (lamento la rebundancia, cualquier cola es frustrante), y el que está detras de mi se encuentra casualmente con una vieja amiga a punto de ser atendida que, tras los abrazos y preguntas de rigor se ofrece a hacerle la gestión para irse luego a tomar un café y charlar un rato. Es la típica situación que me tocaría las ingles, y lo peor no sería que llevo media hora de pie esperando, sino pensar que el capullo que tenía detras, ya ha hecho lo que yo quiero hacer y encima se está tomando un café placidamente y recuperando una vieja amistad, y quién sabe si un romance en ciernes... el muy adultero CABRÓN...
Dicen (no se quién, soy muy malo para las citas) que la envidia es el pecado nacional, y estoy de acuerdo, y lo cierto es que hay que joderse, porque la envidia es una estupidez y no conduce a ningún sitio. Cuando se siente envidia por algo, concentramos nuestros esfuerzos por conseguirlo descuidando otras cosas, y una vez conseguido el deseo desaparece y aparece otro motivo de deseo, de envidia, de frustración e insatisfacción, y así hasta el infinito.
Por eso, me he propuesto luchar contra esta absurda perversión nacional. Además, seguro que en otros países tienen pecados nacionales que molen más, como la gula, o la lujuria... que cabrones!!!...

lunes, 31 de diciembre de 2007

Hoy voy a ser cursi

Efectivamente, este post tras más de un mes de silencio evidencia que afortunada, o desafortunadamente, sigo vivo y dispuesto a escribir banalidades despiadadamente y sin asomo de sonrojo.
Como el último día del año, el título debería ser algo así como "Balance del año" o "Reconocimiento de los pecados y propósito de enmienda", títulos que ya de por si llevan una carga de cursilidad importante, pero prefiero en esta ocasión ser claro y directo: voy a ser más cursi que la Barbie el día de su Comunión. Pero no sólo eso, además de cursi voy a ser obvio y predecible, con dos...
Para empezar os voy a desear sinceramente y de todo corazón que tengáis un feliz año, un año nuevo en el que consigais superar las dificultades, que se cumplan vuestros deseos, y que si no conseguis ser felices, al menos podáis vivir tranquilos, con orgullo por vuestro esfuerzo y con la completa seguridad de que, si no es el año que viene, será el siguiente, o el siguiente al siguiente, cuando consigais vuestros propósitos que tanto habéis perseguido y tan merecidamente debeis obtener.
Seguiría por esta senda sentimental, no obstante, gruesos lagrimones me lo impiden, motivo por el cual, lo dicho, Feliz Año Nuevo, para los que leen estas cosillas, para los que no, para vuestras familias, y mucho ánimo en todos vuestros nuevos proyectos, o vuestras rutinas,... os quiero aunque no os llame muy a menudo, o no os lo diga en persona.
Besos y abrazos por doquier.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Paleto sin fronteras (los aeropuertos y yo)

Acabo de volver de Londres y con "orgullo" he de decir que mostrado mi condición de españolito sesentero, a lo Alfredo Landa, en varias ocasiones según detallo a continuación.

Primera en la frente (control de seguridad en la T4) "Sr., lleva usted un aerosol de más de 100 ml. Puede usted dejarlo aquí para que sea destruido, o bien volver atrás a facturarlo"... mis cejas se levantan, miro a los ojos a mi interlocutor cerciorandome que no está de coña y asumo la pérdida del desodorante... nos despedimos conteniendo las lágrimas, sin mirar atras.

A grandes males, grandes soluciones. Elaboro mentalmente la estrategia para evitar que la pérdida del desodorante juegue en detrimento de mi imagen. Varias tácticas vienen a mi cabeza:

- No levantar los brazos en las próximas 72 horas... incómodo y poco práctico.

- Desnudarme por completo para evitar la sudoración debida al calor... interesante, pero habría que estudiar posibles implicaciones legales.

- Guardar distancia de seguridad de 2 ó más metros con respecto a mis colegas de otros países... tentador, pero de difícil ejecución sin levantar sospechas.

Me dirijo al kiosko-tienda-libreria que hay al rebasar el control de seguridad en la búsqueda de algo para leer y... Albricias!!!! venden desodorantes de viaje "Que tios más majos. Estoy salvado. Que buena idea". Voy sonriente a la caja con mi revista y mi Sanex roll-on de 55ml. "Son 13 euros, señor"... mis cejas se levantan (soy muy de levantar las cejas) y compruebo que la cajera no está de coña. El minúsculo desodorante tiene un precio de 9.50 €. Asumo la pérdida económica... "Que cabrones, buitres, estafadores".

Abandono el comercio y lo que me queda de talante en el kiosko y deambulo por la terminal. Casualmente entro otro kiosko más alejado. Tienen el mismo artículo, pero esta vez por un precio de 6.90 €. Quizá si hay otro kiosko todavía más lejos, el precio sea más razonable... pero no me consta la existencia de kioskos más lejanos dentro de la terminal. En condiciones normales lo habría dejado pasar, pero esta era una cuestión de honor, de justicia, de indignación y de los 40 minutos que me sobraban para el embarque.

Vuelvo sobre mis pasos. Me posiciono frente a la caja. A la cajera le sueno vagamente. Yo a ella no la olvidaré. Nos miramos a los ojos. Rompo el silencio "Quiero devolver esto", digo dejando sobre el mostrador el Sanex roll-on de 55ml. Noto las miradas de los pobladores de la cola clavadas en mi nuca. Ella mira el desodorante espantada. Improvisa "No se admiten devoluciones, lo pone en el ticket". Afortunadamente, el ticket de marras no contiene mucha literatura y leo con rapidez. Miente, no pone nada al respecto. Su jefa está al lado y accede a mi petición.

Con la satisfación del deber cumplido, me dirijo al otro kiosko y abono con gusto los 6.90 € que cobran por el mismo desodorante.

Me siento en el avión. Pasillo. Se sientan a mi lado dos mozas, con la mala fortuna de ser las poseedoras de las vejigas con menor capacidad de todo el aparato.

Llego a la reunión tarde (culpa de la compañía aerea). Asisto, participo, opino, aunque lo que diga yo les da un poco igual porque manda Alemania... todo bastante aburrido. Ceno con mis colegas franceses en el hotel. Estamos en Inglaterra, y como no, pedimos comida italiana e hindú, porque todo el mundo sabe que la comida inglesa no existe ¿Que demonios comerían antes de tener colonias e inmigración estos muchachos? Ellos me cuentan lo de sus huelgas, y yo les cuento lo del Rey y Chavez. Como apunte político diré que las huelgas les parecen injustas y creen que Sarkozy tiene razón, y sobre Chavez lo único que saben es que está haciendo algo con los secuestradores de la Sra Betancourt (no saben nada del "que te calles Karmele").

Termina la reunión. Vuelta al aeropuerto. Control de seguridad. "Please, put off your shoes sir". Inexplicable tomate en mi calcetín izquierdo. Dedo gordo blanco y afortunadamente inmaculado sobre fondo negro. Los pajaros cantan, mis cejas se levantan... Bochorno por dentro, pero lo acepto con deportividad y miro a la mujer hindú (dato etnico-sociologico) de seguridad. Sonrio. Ella no. Cruzo deprisa bajo el detector de metales. Al menos mi asomante dedo gordo no pita bajo el arco. Me calzo aliviado. Mi equipaje de mano ha despertado algunas sospechas y me conminan a abrir y mostrar todo el contenido. El hombre de seguridad (caucásico) tiene unas orejas de soplillo superlativas purpureas, casi hipnóticas. No puedo dejar de mirarlas mientras me da instrucciones de como debo abrir y mostrar mis pertenencias. Parece que lo que ha despertados sospechas es el Sanex roll-on de 55 ml. Se lo lleva y lo mete en una máquina. Al cabo de unos segundos, me lo devuelven y dicen que me puedo ir.
Sobre el asunto del tomate, he de decir en mi descargo, que el estado de mis calcetines es algo que cuido bastante porque detesto los calcetines desgastados y los tiro en cuanto dan muestras de sobre-uso. Pero bueno, como dicen los ingleses "Shit happens", o como me gusta a mi "Esas cosas pasan y además, mas se perdió en Cuba y volvieron cantando".

Avión de vuelta. Aterriza por fin. Estoy deseando llegar a casa. Me apresuro a salir. Cruzo los pasillos deprisa mientras busco el ticket del parking. Llego al parking y... horror: no tengo ni la más remota idea de donde he dejado el coche. Existen 5 ó 6 edificios de parking, cada uno con 4 ó 5 plantas, cada planta con capacidad para al menos 100 coches. Eso hace que tenga que revisar varios miles de plazas... piensa zoquete, piensa... vale no era ni el primer edificio, ni el último, y al aparcar subí la rampa más de una vez, pero menos de cuatro. Empieza la búsqueda... en 15 minutos que se me hacen eternos encuentro mi vehículo. Vuelvo a la taquilla, pago. Conduzco. Llego a casa y respiro aliviado. Hasta la próxima guiris.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Oh Dios mio!, ¿soy feliz?

Hace unos días iba en el coche escuchando la radio sin apenas entusiasmo, como dirían los Pistones. Estaba hablando un chavalín de un grupo que acababa de "editar su segundo trabajo" (que cursis son en la radio). Los temas (=canciones) hablaban invariablemente de chicas que no le querían, o le engañaban, o pasaban de él... el pobre vivía un sin-vivir de sufrimiento y abandono reiterado.

La aguda periodista, percatada ella de la desazón que traslucían tan amargas letras, le preguntó al apenado cantamañanas que si el sufrimiento era su fuente de inspiración, a lo que el jilguerillo se apresuró a contestar que efectivamente, que cuando sufres tienes la necesidad de expresar cosas, y por el contrario, cuando estás bien no.

Quedeme por un momento perplejo pensando que llevaba bastante tiempo sin escribir... Oh Dios mio ¿sere feliz acaso por ventura? Acordeme en ese preciso instante de la consabida máxima repetida por los sabios e intelectuales contemporaneos: "Solo los idiotas son felices".

Ni que decir tiene que, atando cabos, pensé "hace tiempo que no se me ocurre nada para escribir.... ¿querrá decir ello que todo me va bien y que por tanto soy feliz y por ende bobo?". Yo soy muy de atar cabos y de preocuparme por bobadas, de manera que inmediatamente ocupé mi mollera en estúpidas disquisiciones que me desazonaron notablemente durante un largo periodo de tiempo (de y cuarto a y media). He de decir que me preocupa especialmente la potencial consideración de mi persona como tonto, no se por qué, si es porque me creo muy listo, o porque siento la irrefrenable necesidad de demostrar empiricamente que no soy bobo del todo. En fin, manias. Cuando estaba a punto de estallar, haciendo un esfuerzo me tomé unos minutos para analizar la situación: "Vamos a ver, con mi mujer bien, aunque discutimos de vez en cuando como todo el mundo. Status matrimonial: NORMAL; los niños muy ricos y muy monos, pero se siguen poniendo malos de vez en cuando y siendo un poco rebeldes a veces. Status paterno-filial: NORMAL; en el trabajo, sin novedades, ni buenas, ni malas; Status laboral: NORMAL; salud, unicamente colesterol que vigilar y achaques propios de la edad (cualquiera que me oiga), es decir, Status: NORMAL... por tanto, con gran alborozo compruebo que NO SOY FELIZ!!!!... y por tanto tampoco idiota... uff!!! que alivio".
Después de este tormentoso razonamiento, se abrieron las nubes de mi entendimiento y los rayos de sol de la razón iluminaron mi sereno espiritu (por qué no un toque Gongoriano a este prosaico escrito), llegando a la conclusión que el idiota era el chavalín cantamañanas y su colección de estúpidos tópicos... además, y si soy feliz ¿que?... al menos yo no me paso el día llorando por petardas que me abandonan... Chaval, espabila, que chicas hay más que botellines, hombre.

viernes, 19 de octubre de 2007

El chándal (I)

Consultando el diccionario de la RAE, oh! fuente inagotable para espiritus sedientos de conocimiento, me encontré con la siguiente definición:

chándal.
1. m. Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios.

Vale, no es para tirar cohetes, pero lo que me pareció absolutamente demoledor y de hecho me ha sumido en profundas reflexiones es la etimología de la palabra:

(Del fr. chandail, jersey de los vendedores de verdura).

Por qué, Oh Fortuna, el jersey de los vendedores de verdura ha degenerado en una de las prendas más usadas y simbolicas de finales del Siglo XX? A esta reflexión he dedicado mis esfuerzos y mi tiempo de ocio (unos 3 minutos exactos desde el pasado viernes), y estas son las conclusiones:
Si hacemos un poco de historia y admitimos como premisa la etimología de la palabra la prenda evolucionó de los verduleros a los deportistas en un proceso del todo lógico. Al tratarse de una prenda cómoda, es lógico que se dedique a actividades deportivas. Lo que no queda tan claro es como los deportistas copiaron a los verduleros ¿hacían la compra ellos...? Lo considero poco probable.
Sigamos, de los deportistas, la prenda pasó a ser reivindicada por los "break-dancers" ochenteros (que momentos, madre mía). También es de lógica que dicha danza cuasi-atlética, precise de una prenda cómoda.
Lo que ya no está tan claro es el siguiente paso: los raperos, y es que estos tampoco es que se muevan mucho bailando, pero bueno podríamos buscar la explicación en el orígen de este movimiento en las canchas de basket neoyorquinas, pero ¿a que vienen entonces las cadenas de oro de a kilo?
Lo que ya me causa una absoluta perplejidad es como la prenda ha sido asimilada por esa figura tan nuestra como es la maruja. Esa maruja encaramada a unos tacones con su chándal puesto de buena mañana haciendo gestiones por toda la ciudad, eso sí, arreglada pero informal. Entonces se encendió la luz en mi cerebro habitualmente en tinieblas: Dios mio!!! entre las gestiones está hacer la compra, es decir, visita diaria al mercado, y entre los diferentes puestos, el de la verdura... Esta es la pieza que faltaba en el rompecabezas, las marujas, madres de deportistas, hicieron que sus deportivos retoños se chandalizasen y todo lo demás vino rodado...
Pero ¿por qué se fijaron tanto en como iban vestidos los verduleros? ¿que ha estado ocurriendo en las trastiendas de esos puestos de verdura entre pepinos y tomates? ¿por qué iban a la compra todos los días cuando está demostrado que se puede ir una vez cada 15 días? ¿explicaría esto la proverbial mala leche de las verduleras?
Desde estas reflexiones, vivo sumido en un mar de dudas, y no puedo por menos que esquivar la mirada del verdulero y elegir bandejas plastificadas antes de que él me escoja con sus expertas manos las mejores piezas... a saber donde las ha metido antes el muy guarro...

lunes, 8 de octubre de 2007

De los virus (y su prostituta progenitora)

Una semana. Llevo una semana (y lo que te rondaré morena) con un simpático virus instalado en mi prodigiosa anatomia, que me hace estar mermado, doblado, hecho polvo y agotado. Además, desde el viernes por la tarde, como fruto de alguna maniobra inadecuada con un churumbel, el catarrito se ha aderezado con una lumbalgia que me hace andar como el chiquito de la calzada.
Lo peor de todo es que tengo la impresión de que es el mismo virus hijo de la perrilla que abandoné el pasado mayo, y que ha estado de vacaciones cogiengo fuerzas y estudiando mi sistema inmonológico para joderme todo el invierno con alborozo y tesón.
Y es que, cuando no es un catarro, es una gasteroenteritis, o una lumbalgia, un eczema, insomnio, o pillarse los dedos con una puerta.... y cuando no tenemos nada de esto, salimos de cachondeo para tener una hermosa resaca resumen de todos los males anteriores.
Si, lo reconozco, soy un paciente lamentable, un quejica, lo que quieras, pero si llevo una vida cuasi monacal, si me porto mejor que Heidi, si soy bueno y obediente, si me abrigo e intento no andar descalzo... ¿¿¿POR QUE A MI???. Antes fumaba como un carretero, iba con mujeres y me castigaba el hígado con devoción (de hecho atribuía un efecto medicinal indudable al whisky con coca-cola) y no me ponía malo ¿es esto la vejez? Pues estamos apañados...
Por cierto, ¿el fin de semana? Bien (j..ido), gracias.
P.D.: Debo dejar de decir tacos.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Chunda, chunda, tachunda, chunda...

Esta es una de las razones más importantes, y también quizá la más estúpida pero que le vamos a hacer, por la que me gusta ser español: por que nuestro himno no tiene letra. Porque cuando, antes de quedar eliminados en cuartos de cualquier mundial de fútbol, miles de mis compatriotas cantan a pleno pulmón la "letra" del himno español sin rubor, con una sonrisa en los labios. Orgullosos de tomarnos a nosotros mismos de coña, de preferir una caña y un pincho de morcilla, a una comida "bio-saludable", de comer más allá de las 3 de la tarde y dormir la siesta a pierna suelta, de hablar a voces en bares, restaurantes y cualquier otro lugar más inadecuado, de tener niños molestos y ruidosos, de reuniones familiares capaces de pasar de los besos a las manos en cuestión de segundos ...
Pues si, así somos. Da igual que se haya nacido en Lepe que en Ferrol, la inmensa mayoría somos así y se nos reconoce donde quiera que vayamos.
Por suerte, o por desgracia, estas actitudes y comportamientos quedan relegados a nuestros momentos de ocio porque cada vez somos más europeos, pero el gen sigue agazapado esperando el momento para hacer algo inapropiado, para escándalo de algún inglés estirado, un serio alemán, o un exquisito francés.
Ahora quieren ponerle letra al himno... uff, que pereza. Indudablemente contendrá un montón de cursiladas incluyendo las palabras obligatorias en este tipo de ocasiones (tierra, patria, hermanos, sangre, dar la vida...), por más que pienso, no lo veo, prefiero el chunda, chunda.