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jueves, 24 de julio de 2008

Pues eso



Que ya volveré a la oficina a mediados de agosto si no me ha tocado la lotería por medio, y a escribir aquí cuando me salga de los dedillos que para eso este espacio es mio y "me lo tiro cuando quiero" (gloriosa frase de un gran tipo).

Dada la proximidad del periodo vacacional me resulta difícil concentrarme y solo se me ocurren estupideces del estilo:
"Culo de mal asiento busca water simpático para orín sincero o lo que surja"... y así, pues no es plan, de manera que mejor será que me tome un respiro, porque productivo, productivo, lo que se dice productivo no estoy mucho actualmente.
Queden vds. con Dios.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Paleto sin fronteras (los aeropuertos y yo)

Acabo de volver de Londres y con "orgullo" he de decir que mostrado mi condición de españolito sesentero, a lo Alfredo Landa, en varias ocasiones según detallo a continuación.

Primera en la frente (control de seguridad en la T4) "Sr., lleva usted un aerosol de más de 100 ml. Puede usted dejarlo aquí para que sea destruido, o bien volver atrás a facturarlo"... mis cejas se levantan, miro a los ojos a mi interlocutor cerciorandome que no está de coña y asumo la pérdida del desodorante... nos despedimos conteniendo las lágrimas, sin mirar atras.

A grandes males, grandes soluciones. Elaboro mentalmente la estrategia para evitar que la pérdida del desodorante juegue en detrimento de mi imagen. Varias tácticas vienen a mi cabeza:

- No levantar los brazos en las próximas 72 horas... incómodo y poco práctico.

- Desnudarme por completo para evitar la sudoración debida al calor... interesante, pero habría que estudiar posibles implicaciones legales.

- Guardar distancia de seguridad de 2 ó más metros con respecto a mis colegas de otros países... tentador, pero de difícil ejecución sin levantar sospechas.

Me dirijo al kiosko-tienda-libreria que hay al rebasar el control de seguridad en la búsqueda de algo para leer y... Albricias!!!! venden desodorantes de viaje "Que tios más majos. Estoy salvado. Que buena idea". Voy sonriente a la caja con mi revista y mi Sanex roll-on de 55ml. "Son 13 euros, señor"... mis cejas se levantan (soy muy de levantar las cejas) y compruebo que la cajera no está de coña. El minúsculo desodorante tiene un precio de 9.50 €. Asumo la pérdida económica... "Que cabrones, buitres, estafadores".

Abandono el comercio y lo que me queda de talante en el kiosko y deambulo por la terminal. Casualmente entro otro kiosko más alejado. Tienen el mismo artículo, pero esta vez por un precio de 6.90 €. Quizá si hay otro kiosko todavía más lejos, el precio sea más razonable... pero no me consta la existencia de kioskos más lejanos dentro de la terminal. En condiciones normales lo habría dejado pasar, pero esta era una cuestión de honor, de justicia, de indignación y de los 40 minutos que me sobraban para el embarque.

Vuelvo sobre mis pasos. Me posiciono frente a la caja. A la cajera le sueno vagamente. Yo a ella no la olvidaré. Nos miramos a los ojos. Rompo el silencio "Quiero devolver esto", digo dejando sobre el mostrador el Sanex roll-on de 55ml. Noto las miradas de los pobladores de la cola clavadas en mi nuca. Ella mira el desodorante espantada. Improvisa "No se admiten devoluciones, lo pone en el ticket". Afortunadamente, el ticket de marras no contiene mucha literatura y leo con rapidez. Miente, no pone nada al respecto. Su jefa está al lado y accede a mi petición.

Con la satisfación del deber cumplido, me dirijo al otro kiosko y abono con gusto los 6.90 € que cobran por el mismo desodorante.

Me siento en el avión. Pasillo. Se sientan a mi lado dos mozas, con la mala fortuna de ser las poseedoras de las vejigas con menor capacidad de todo el aparato.

Llego a la reunión tarde (culpa de la compañía aerea). Asisto, participo, opino, aunque lo que diga yo les da un poco igual porque manda Alemania... todo bastante aburrido. Ceno con mis colegas franceses en el hotel. Estamos en Inglaterra, y como no, pedimos comida italiana e hindú, porque todo el mundo sabe que la comida inglesa no existe ¿Que demonios comerían antes de tener colonias e inmigración estos muchachos? Ellos me cuentan lo de sus huelgas, y yo les cuento lo del Rey y Chavez. Como apunte político diré que las huelgas les parecen injustas y creen que Sarkozy tiene razón, y sobre Chavez lo único que saben es que está haciendo algo con los secuestradores de la Sra Betancourt (no saben nada del "que te calles Karmele").

Termina la reunión. Vuelta al aeropuerto. Control de seguridad. "Please, put off your shoes sir". Inexplicable tomate en mi calcetín izquierdo. Dedo gordo blanco y afortunadamente inmaculado sobre fondo negro. Los pajaros cantan, mis cejas se levantan... Bochorno por dentro, pero lo acepto con deportividad y miro a la mujer hindú (dato etnico-sociologico) de seguridad. Sonrio. Ella no. Cruzo deprisa bajo el detector de metales. Al menos mi asomante dedo gordo no pita bajo el arco. Me calzo aliviado. Mi equipaje de mano ha despertado algunas sospechas y me conminan a abrir y mostrar todo el contenido. El hombre de seguridad (caucásico) tiene unas orejas de soplillo superlativas purpureas, casi hipnóticas. No puedo dejar de mirarlas mientras me da instrucciones de como debo abrir y mostrar mis pertenencias. Parece que lo que ha despertados sospechas es el Sanex roll-on de 55 ml. Se lo lleva y lo mete en una máquina. Al cabo de unos segundos, me lo devuelven y dicen que me puedo ir.
Sobre el asunto del tomate, he de decir en mi descargo, que el estado de mis calcetines es algo que cuido bastante porque detesto los calcetines desgastados y los tiro en cuanto dan muestras de sobre-uso. Pero bueno, como dicen los ingleses "Shit happens", o como me gusta a mi "Esas cosas pasan y además, mas se perdió en Cuba y volvieron cantando".

Avión de vuelta. Aterriza por fin. Estoy deseando llegar a casa. Me apresuro a salir. Cruzo los pasillos deprisa mientras busco el ticket del parking. Llego al parking y... horror: no tengo ni la más remota idea de donde he dejado el coche. Existen 5 ó 6 edificios de parking, cada uno con 4 ó 5 plantas, cada planta con capacidad para al menos 100 coches. Eso hace que tenga que revisar varios miles de plazas... piensa zoquete, piensa... vale no era ni el primer edificio, ni el último, y al aparcar subí la rampa más de una vez, pero menos de cuatro. Empieza la búsqueda... en 15 minutos que se me hacen eternos encuentro mi vehículo. Vuelvo a la taquilla, pago. Conduzco. Llego a casa y respiro aliviado. Hasta la próxima guiris.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Oh Dios mio!, ¿soy feliz?

Hace unos días iba en el coche escuchando la radio sin apenas entusiasmo, como dirían los Pistones. Estaba hablando un chavalín de un grupo que acababa de "editar su segundo trabajo" (que cursis son en la radio). Los temas (=canciones) hablaban invariablemente de chicas que no le querían, o le engañaban, o pasaban de él... el pobre vivía un sin-vivir de sufrimiento y abandono reiterado.

La aguda periodista, percatada ella de la desazón que traslucían tan amargas letras, le preguntó al apenado cantamañanas que si el sufrimiento era su fuente de inspiración, a lo que el jilguerillo se apresuró a contestar que efectivamente, que cuando sufres tienes la necesidad de expresar cosas, y por el contrario, cuando estás bien no.

Quedeme por un momento perplejo pensando que llevaba bastante tiempo sin escribir... Oh Dios mio ¿sere feliz acaso por ventura? Acordeme en ese preciso instante de la consabida máxima repetida por los sabios e intelectuales contemporaneos: "Solo los idiotas son felices".

Ni que decir tiene que, atando cabos, pensé "hace tiempo que no se me ocurre nada para escribir.... ¿querrá decir ello que todo me va bien y que por tanto soy feliz y por ende bobo?". Yo soy muy de atar cabos y de preocuparme por bobadas, de manera que inmediatamente ocupé mi mollera en estúpidas disquisiciones que me desazonaron notablemente durante un largo periodo de tiempo (de y cuarto a y media). He de decir que me preocupa especialmente la potencial consideración de mi persona como tonto, no se por qué, si es porque me creo muy listo, o porque siento la irrefrenable necesidad de demostrar empiricamente que no soy bobo del todo. En fin, manias. Cuando estaba a punto de estallar, haciendo un esfuerzo me tomé unos minutos para analizar la situación: "Vamos a ver, con mi mujer bien, aunque discutimos de vez en cuando como todo el mundo. Status matrimonial: NORMAL; los niños muy ricos y muy monos, pero se siguen poniendo malos de vez en cuando y siendo un poco rebeldes a veces. Status paterno-filial: NORMAL; en el trabajo, sin novedades, ni buenas, ni malas; Status laboral: NORMAL; salud, unicamente colesterol que vigilar y achaques propios de la edad (cualquiera que me oiga), es decir, Status: NORMAL... por tanto, con gran alborozo compruebo que NO SOY FELIZ!!!!... y por tanto tampoco idiota... uff!!! que alivio".
Después de este tormentoso razonamiento, se abrieron las nubes de mi entendimiento y los rayos de sol de la razón iluminaron mi sereno espiritu (por qué no un toque Gongoriano a este prosaico escrito), llegando a la conclusión que el idiota era el chavalín cantamañanas y su colección de estúpidos tópicos... además, y si soy feliz ¿que?... al menos yo no me paso el día llorando por petardas que me abandonan... Chaval, espabila, que chicas hay más que botellines, hombre.

viernes, 19 de octubre de 2007

El chándal (I)

Consultando el diccionario de la RAE, oh! fuente inagotable para espiritus sedientos de conocimiento, me encontré con la siguiente definición:

chándal.
1. m. Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios.

Vale, no es para tirar cohetes, pero lo que me pareció absolutamente demoledor y de hecho me ha sumido en profundas reflexiones es la etimología de la palabra:

(Del fr. chandail, jersey de los vendedores de verdura).

Por qué, Oh Fortuna, el jersey de los vendedores de verdura ha degenerado en una de las prendas más usadas y simbolicas de finales del Siglo XX? A esta reflexión he dedicado mis esfuerzos y mi tiempo de ocio (unos 3 minutos exactos desde el pasado viernes), y estas son las conclusiones:
Si hacemos un poco de historia y admitimos como premisa la etimología de la palabra la prenda evolucionó de los verduleros a los deportistas en un proceso del todo lógico. Al tratarse de una prenda cómoda, es lógico que se dedique a actividades deportivas. Lo que no queda tan claro es como los deportistas copiaron a los verduleros ¿hacían la compra ellos...? Lo considero poco probable.
Sigamos, de los deportistas, la prenda pasó a ser reivindicada por los "break-dancers" ochenteros (que momentos, madre mía). También es de lógica que dicha danza cuasi-atlética, precise de una prenda cómoda.
Lo que ya no está tan claro es el siguiente paso: los raperos, y es que estos tampoco es que se muevan mucho bailando, pero bueno podríamos buscar la explicación en el orígen de este movimiento en las canchas de basket neoyorquinas, pero ¿a que vienen entonces las cadenas de oro de a kilo?
Lo que ya me causa una absoluta perplejidad es como la prenda ha sido asimilada por esa figura tan nuestra como es la maruja. Esa maruja encaramada a unos tacones con su chándal puesto de buena mañana haciendo gestiones por toda la ciudad, eso sí, arreglada pero informal. Entonces se encendió la luz en mi cerebro habitualmente en tinieblas: Dios mio!!! entre las gestiones está hacer la compra, es decir, visita diaria al mercado, y entre los diferentes puestos, el de la verdura... Esta es la pieza que faltaba en el rompecabezas, las marujas, madres de deportistas, hicieron que sus deportivos retoños se chandalizasen y todo lo demás vino rodado...
Pero ¿por qué se fijaron tanto en como iban vestidos los verduleros? ¿que ha estado ocurriendo en las trastiendas de esos puestos de verdura entre pepinos y tomates? ¿por qué iban a la compra todos los días cuando está demostrado que se puede ir una vez cada 15 días? ¿explicaría esto la proverbial mala leche de las verduleras?
Desde estas reflexiones, vivo sumido en un mar de dudas, y no puedo por menos que esquivar la mirada del verdulero y elegir bandejas plastificadas antes de que él me escoja con sus expertas manos las mejores piezas... a saber donde las ha metido antes el muy guarro...

miércoles, 11 de julio de 2007

Los fanaticos y los expertos

Dada mi indudable orientación renacentista, mis intereses son muy variados. Me gusta la mucho la música, el cine, el teatro, la cocina, leer, la política y una infinidad de temas que no voy a enumerar porque no es plan y porque esto parecería la sección de contactos de un periodico gratuito (o de pago, no seamos clasistas).
Tan amplio espectro de intereses hacen que necesaria (y afortunadamente) no sea experto en ninguno, ni falta que hace, sinceramente.
A lo largo de mi vida me he topado con muchisimos expertos fanáticos de multiples aficiones: el fútbol, The Beatles, el cine de John Ford,... En algo si he conseguido el grado de experiencia necesario: en como detectar a un experto - fanático (para salir huyendo con la mayor urgencia y brevedad). Pero, ¿como se identifica a uno de estos expertos fanáticos?. Es fácil. Tienen principalmente dos rasgos:

1 Si se observa detenidamente, cualquier experto que se precie se pone tenso como un gato bufando cuando, accidentalmente en una conversación relajada cualquiera, sale a colación de pasada el tema sobre el cual el experto ha volcado sus obsesiones onanistas. Enseguida se enfurruña, pasa de la relajación a un estado de vigilancia de la ortodoxia sobre las opiniones vertidas sobre su tema, y es incapaz de recuperar la relajación hasta que transcurridos unos minutos de su veredicto, nadie se ha atrevido a oponerse a su dictamen.

2 Llegado el caso, el experto se dispone a vertir su opinión sobre su tema, que invariablemente es realmente sorprendente para el resto de sus contertulios no expertos en la materia y curiosamente va en contra del pensamiento mayoritario. Si se le lleva la contraria sobre el particular, su conclusión será siempre "es que no tenéis ni puta idea".

"... después de cenar varios amigos, mientras tomamos una copa tranquilamente se escucha la música de fondo. Suenan los primeros acordes de Honky Tonk Woman...
- Me encanta esta canción, es buenisima.
Semejante tropelia, en opinión el experto, ha sido dicha por Alicia, moza un poco pija y muy superficial (a juicio del experto), a pesar de que 5 minutos antes estaba tirandole los tejos porque está bastante buena.
De repente se oye la voz atronadora del experto en Rolling:
- Esa canción es una puta mierda. Se nota que Richards estaba puesto y que la sacaron solo para hacer caja. Por aquel entonces Watts tenía una gastroenteritis fruto de un viaje por Sudamérica y se nota en la arritmia de los compases del final....

Si el experto es un viejo conocido, habrá alguien que cambie habilmente de conversación, si no, otro contertulio apoyará la tesis de Alicia (que recordemos, está bastante buena), con un argumento tan apabullante como irritante:

- Pues a mi me mola mazo....

...Y ya la tenemos montada, velada a la mierda...

viernes, 13 de abril de 2007

Al final me he animado

Con su permiso voy a hacer un poco de historia personal de sobre la evolución de mi pensamiento:
Al principio, de acuerdo con mi carácter tímido de erizo a la defensiva, pensé que tener un blog era cosa de presuntuosos: "hay que ver, gente que se cree tan inteligente que piensa que sus reflexiones merecen ser leídas por cualquiera". A esta etapa, siguió una larga, larguísima etapa de alevosa ignorancia de cualquier cosa relacionada con un blog. Pero, recientemente he empezado a ser infiel a mi mismo, sorprendiendome en la lectura de algunos blogueros (se llaman así no). La primera vez, me reprendí severamente, y me di un manotazo en cada mano autoconvenciendome que aquello era malo, un instrumento del diablo.
Pero como la carne el débil, volví a hacerlo...
Fueron momentos de desasosiego y confusión, insomnio y zozobra debatiéndome entre el estoicismo anti-blog y el pecado. Luché, lo intenté todo para no caer en la tentación, pero una y otra vez me sorprendía (lo cierto es que a fuerza de sorprenderme una y otra vez ya no era ninguna sorpresa, sinceramente) y los pensamientos impuros devoraban mi cabeza.
Me regodeaba pensando VANIDOSAMENTE: "mira ese tiene xxxx lectores que le adulan, le siguen y yo escribo mejor que ese".... TATE!!! ahí está la Madre del Cordero: va a ser que la HUMANIDAD me necesita, necesita leerme, conocerme, seguirme, encumbrarme, forrarme y retirarme (observese que tanto -me denota cierta pasividad de mi persona -nota para mi psicoanalista-).
Bueno, pues aquí estoy, dispuesto a ser vuestro gurú y futuro premio Pulitzer como tantas veces me ha reclamado mi publico (bueno, al menos dos veces).
Eso si, siempre con mucho respeto y con su permiso, porque como diría un admirado personaje de ficción al que admiro: Respeto y educación ante todo.