sábado, 25 de julio de 2020

La primera vez que oí a los Rolling

Fue tarde, muy tarde. Concretamente en el verano de 1992. Siempre he ido a mi ritmo, y mi ritmo siempre ha sido lento. Ese es un tema del que tengo que hablar también. Sobre lo lento y la manía de hacer todo de manera rápida, y la frustración que genera. Pero esa es otra cuestión que será tratada en otro momento.
Estaba en aquel verano del 92. Hacía calor, como todos los veranos de Madrid desde que tengo uso de razón. Entonces tenía 20 años y carnet de conducir recién estrenado, lo que, a su vez, me proporcionó un trabajo de verano, y consecuentemente, algo de efectivo que gastar en contra de mi persistente falta de liquidez.
Trabajaba para una agencia de viajes en la calle Desengaño, cobraba semanalmente, y al salir con dinero en los bolsillos, las tiendas de discos de segunda mano de la calle de la Luna me estaban esperando.
Sorteaba todo lo cortesmente que podía las invitaciones de las profesionales del amor que estaban por la zona y acudía a aquellos garitos extraños, llenos de discos y fotos de películas míticas. Entonces comenzaba una búsqueda que fue tremendamente fructífera. Arramblé con discos de los Kinks, de los primeros de Status Quo, de Flamin Groovies, y aquél disco de los Rolling que quizá lo cambió todo.
Evidentemente, no me refiero a la historia de la música, sino a una transformación que ocurrió en mi forma de ver mi entorno y considerarme.
Les había oído antes, pero no me convencían. Sin embargo decidí persistir con la idea de que, si a tanta gente le gustaban, algo tenían que tener. Mi conocimiento no pasaba de sus típicas canciones que tanto ponían en la radio cuando sacaban un disco nuevo. Entonces sonó aquel Time is on my side, o Play with fire y todo cambió. En ese instante tuve la percepción de que abandonaba definitivamente la adolescencia (un poco tarde, lo admito) y empezaba otra etapa desconocida e interesante.
Lo curioso es que, a pesar de todo, ni aún así los Rolling se convirtieron en una "vaca sagrada" para mi. Cosas raras mías. 

domingo, 21 de junio de 2020

Leed malditos!

Una de las cosas a las que te obliga la paternidad es a convertirte en un coñazo de la repetición.

- Recoge tu habitación.
- Apaga la Play y acuéstate ya.
- Acaba lo que tienes en el plato.
- Estudia
- Organízate mejor, no dejes todo para última hora.
- Lávate los dientes.
- Haz la cama.
- Apaga las luces que no uses.
- No malgastes tanta agua.
- Baja la música.

Estas frases que tanto me fastidiaba oir en mi turbia adolescencia, son las que ahora entono con mayor frecuencia, y he de admitir que, pese a que sé con seguridad que son absolutamente necesarias, también son extremadamente aburridas.
Además, el momento en que te ves obligado a pronunciarlas no es el mejor desde un punto de vista emocional. Has esperado a que el destinatario actúe por su cuenta. Que se obre el milagro y lo haga por las buenas sería algo que haría brotar una beatífica sonrisa y te moviera a pensar que "aún hay esperanza". Pero no. Los minutos pasan. Las horas también, y podrían pasar los días, meses y años dejando en el suelo esos calcetines sudados, esos ejercicios de Matemáticas a medias, o ese par de cucharadas de lentejas en el plato.
Y entonces lo dices, lo gritas, lo exijes, y se acabó la paz y el buenrollismo que ellos finiquitan recordándote lo pesado que eres, y yo sentencio diciendo que, efectivamente, esa es mi obligación, ser pesado para que ellos dejen de ser desastres con patas.
A veces me fallan las fuerzas y la convicción y no cumplo con mi deber porque ser pesado es una carga muy dura. Uno también tiene sus debilidades. Bastantes, de hecho.

Pero hay una de esas cosas que repito todos los días de la que no me canso: Leed, malditos, leed. Porque no es aburrido en absoluto, sino todo lo contrario. Vas a descubrir cosas flipantes. Hechos que te dejarán con la boca abierta, como que los romanos tenían hasta un dios para las flatulencias (Crepitus), o que no fue David Niven quién acabó con la revuelta de los boxers, sino el embajador español en China D. Bernardo de Cologan (que en la película solo se le muestra abanicándose  desmayadamente), o que los Estados Unidos han tenido presidentes más controvertidos que Trump en el siglo XIX.

Vas a desarrollar tu forma de pensar, e incluso, si eres realmente fuerte mentalmente, serás capaz de leer algo con lo que no estás de acuerdo sin tener la posibilidad de rebatirlo. Quizá hasta seas capaz de entenderlo, razonarlo, rebatirlo y, en el culmen de la realización intelectual, hasta escribir algo mejor que exponga tu opinión y que, de paso, haga reflexionar a otros que no piensan como tú.

Eso, eso, ya sería la leche y me haría feliz. Por eso, no me voy a cansar de repetirlo. 



domingo, 7 de junio de 2020

Profundito

Últimamente, cuando me pongo a los mandos de este rincón olvidado por las musas de la literatura, me empeño en intentar salvar al Mundo. Con mi falta de criterio, mi volubilidad y mis carencias, intento aportar reflexiones que hagan abrir los ojos a la Humanidad.
Lamentable, francamente lamentable. De hecho, si mi yo punk me observara, me enseñaría el dedo corazón de ambas manos sin dudarlo.
¿Pero qué te has creído Profundito? ¿Acaso eres tú el más listo de tu casa?
Entonces mi yo superior, ese que calla y sonríe con sabiduría sabiéndose poseedor de la Verdad ante la ignorancia de la gente, se quedaría petrificado cual conejo a medianoche en carretera alumbrada por un par de faros cegadores, para recibir la merecida y correspondiente bofetada de realidad.
De todas formas, aún reconociendo mis inagotables errores, mi yo contumaz confía en que, tarde o temprano vuelva a tener un brote de redentorismo para dar la matraca con las más diversas soluciones simples a problemas complejos que las más altas instituciones mundiales no logran vislumbrar, pero yo veo con claridad pasmosa.
Bueno majos, pues eso, mi yo distante os envía un saludo cordial mientras pienso en qué habrá para comer hoy.

domingo, 31 de mayo de 2020

No nos flipemos

La cordura no está en su mejor momento. Es lógico después de lo que ha pasado y está pasando. Hasta el más equilibrado va a tener que lidiar con el miedo, la frustración, la tristeza, la ira. En bloque o separadamente, pero tendrá que hacerlo. Si no es en carnes propias, será en la de los que nos  rodean, que también es parte de nuestra realidad.
Por eso, porque es algo que tendremos que superar, pretendo armarme con algunas reflexiones que me permitan pensar y tomar decisiones con un mínimo de claridad:

  1. Esto no ha acabado, pero sí ha pasado lo peor. Comparar esta pandemia con la 1918 está muy bien para no cometer los mismos errores, es decir, relajarnos y pensar que ya lo hemos superado definitivamente sería un error gravisimo. No, no lo hemos hecho y tenemos que mantener la prudencia y las medidas de seguridad, pero teniendo en cuenta que somos conscientes, debemos seguir con nuestras vidas manteniendo la prudencia. Después de la epidemia de 1918, con su segunda oleada más grave que la primera, el mundo siguió avanzando y la normalidad (la original) volvió a implantarse. Ese es el objetivo, volver a vivir como antes. 
  2. España es un país intenso. Cada vez que ocurre algo grave hay una legión de intensisimos que nos quieren llevar a las trincheras, pero no hay que dejarse llevar. En sentido estricto no hay cantidad ni calidad suficiente de fascistas, ni socialistas, ni anarquistas, ni comunistas, como los había en 1936. A pesar de todo, todavía tenemos el mínimo bienestar social para mantener la calma y no echarnos al monte, y por lo tanto, debemos hacer lo necesario para mantener ese bienestar social. Tendremos que pagar más impuestos los que todavía podemos hacerlo, tendremos que trabajar, no más, sino mejor y tendremos que hacer los esfuerzos necesarios para tirar del carro económico y para poder volver a oir banalidades en el Parlamento sobre el modelo de Estado que debemos ser.  
  3. Quizá lo más difícil ahora mismo, pero creo que lo más importante es volver a plantearnos retos, proyectos y sueños que alcanzar. Para retomar nuestra vida hay que tener ilusiones, hay que querer, desear y, aquí si, dejarse llevar. Quizá es el momento de empezar un nuevo camino, de estudiar algo nuevo, o cambiar actitudes. Veamos oportunidades en lugar de obstáculos insalvables. 
Personalmente, cada día, pretendo ir ganando libertad y olvidándome del miedo. Si me tengo que morir, así sea, pero lo prefiero a esta vida de agazapamiento interminable. 
Prudencia y respeto al máximo, miedo ninguno. 

viernes, 1 de mayo de 2020

Nueva Anormalidad

En estos tiempos convulsos es complicado tener una visión clara, objetiva y razonable de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Ahora que no existe la verdad, sino la tuya, o la mía, o la de la COPE, o la SER, lo importante es dominar el relato.
Para ello nos valemos de múltiples mecanismos como la sobre-información, las medias verdades, los datos confusos, las cifras interpretadas de manera interesada, las comparativas de situaciones similares en marcos incomparables. Son herramientas que, en manos de gente inteligente, hacen que, aún con el mejor propósito y espíritu crítico del ciudadano medio interesado en hacerse una idea objetiva de lo que pasa, le resulte una tarea heroica que acaba abandonando. 
No es algo nuevo. El inicio de la propaganda y la manipulación interesada de los hechos lleva existiendo siempre. Desde el Antiguo Egipto, donde los escribas y artistas dejaban constancia en papiro y piedra las virtudes y hechos notables de los faraones; pasando por Herodoto, hasta llegar a nuestros días. Nuestra triste Guerra de Cuba fue fruto de manipulación informativa a manos del que ahora es considerado como el más preclaro adalid de la prensa libre y objetiva, Mr. Pulitzer.
Aunque está todo inventado, la capacidad humana nunca deja de sorprendernos y todavía podemos llegar más allá, y llegamos. Y nos inventamos el neuromarketing, y así sin que se note, nos la cuelan mientras miramos distraídos una puesta de sol con la radio de fondo, escuchamos una bonita canción, o creemos relajarnos viendo una película.
Si, mientras estamos esperando la rueda de prensa del Gobierno, ávidos por saber cuando vamos a poder salir de casa, en qué hora y hasta donde, nuestros máximos responsables, sin comerlo ni beberlo, nos dan las buenas noticias anunciando que ésta es la nueva normalidad. Y nos lo comemos, y hacemos planes y hasta nos ilusionamos de poder pasear a un kilómetro de casa, después de mes y medio encerrados. Joder, todo un logro. Nos ha costado llegar hasta aquí, pero ya lo hemos hecho, ya volvemos a la vida normal. Por fin veo la luz al final del túnel.
Pero mi mujer, que es mucho más lista que yo, me hizo reflexionar sobre esto. Ella lo que quiere es la antigua normalidad, esa en la que podías salir cuando y donde querías, o decir lo que te salía de la peineta sin miedo. Eso es lo normal. Esto de ahora NO.


domingo, 26 de abril de 2020

A funcionar

Dicen Los Listos, que no vamos a alcanzar la inmunidad de grupo hasta 2022, y que los modelos matemáticos aplicados a la propagación del virus muestran que, actualmente "tan sólo" entre el 25% y el 30% de la población ha pasado por el contagio, lo que significaría que al resto de la población, todavía nos queda pasar por el aro.
Por mi parte, sin ningún estudio realizado, ni basado en ningún análisis riguroso, ni nada que se parezca a un modelo matemático, pienso que son un poco exagerados. En todo caso, entiendo que el bicho va a ser parte de nuestra vida y que, en lo sucesivo habrá que andarse con ojo, de la misma forma que debemos andarnos con ojo con el colesterol, con la sal, con el tabaco, con la falta de ejercicio, con las radiaciones solares, etc, etc.
¿Voy a cambiar mi vida? Indudablemente, pero tampoco me voy a volver loco. Voy a dejar de dar besos por esa pintoresca cortesía social que tenemos tan arraigada de besarnos y tocarnos con extraños a la mínima oportunidad. A partir de ahora seré como la española de la copla y cuando bese, besaré de verdad, porque no me interesa besar por frivolidad.
Pero no me veo viviendo con mascarilla, guantes y gel desinfectante toda la vida. Ahora si, vale, no hay problema. Porque el asunto está muy reciente y por respeto a los demás. Haré todo lo posible para que, en la medida de lo posible, no ser un factor de riesgo para mis congéneres.
Lo que tengo claro es que no pienso vivir asustado de ahora en adelante y, por higiene mental, recomiendo que, una vez pasado el dolor y el susto, volvamos a la vida normal. A trabajar, al transporte público, a los bares, cines y teatros sin ningún miedo. Con otras costumbres, con más cuidado, vale, pero sin volvernos locos.
Esto hay que ponerlo a funcionar de nuevo sencillamente para evidenciar que podemos superarlo.


domingo, 19 de abril de 2020

Felicidades

Como soy muy disciplinado, me ceñí a los algo más de 10 segundos que me pedía la (increíble, magnífica y alucinante) Dirección Artística de tu video-felicitación, pero claro, ese tiempo no da para mucho.
Por cierto, estarás orgulloso. Al menos para mi, resulta reconfortante ver como te arropan los amigos que has cosechado afanosamente durante estos 50 años de una forma tan emocionante.
Viendo la obra completa con los recuerdos de todos, me animo a dejarte mi granito de arena.
Sería 1986 cuando nos conocimos. Eras un amigo de Nacho de su antiguo cole, pero ahora ibas al Casvi para "cambiar de aires académicos". Se que hubo más "amigos del cole de Nacho", pero solo me acuerdo de uno. Por algo será.
Decía entonces Alaska que "con tu tacón de aguja, los ojos pintados, dos kilos de rimmel... eres el rey del Glam". Bueno, tu no llevabas nada de eso, ni falta que te hacía. Te bastaba con tu "Pichón callejero", tu pelo que en cualquier circunstancia estaba siempre igual, tu saber estar y tu sentido del humor para convertirte en pieza fundamental de nuestro grupo de amigos. 
Recuerdo que, hasta entonces para mi Villa era un lugar de veraneo, pero a partir de ese momento empecé a venir también casi todos los fines de semana del resto del año. Me traía alguien, o venía en Blasa, daba igual. Había que venir como fuera porque allí estaban mis Amigos.
Como dicen los niños ahora, recuerdo un momento muy random de esos primeros tiempos. Un sábado por la tarde, con un frío y una niebla en la calle de narices. Acabamos en el salón de abajo de tu casa cuatro o cinco de nosotros y no se nos ocurrió nada mejor que jugar a dispararnos bolitas de papel de plata en el culo con la escopeta de aire comprimido. Dicho así, puede no parecer una gran idea, pero fue de las veces que más me he reído en mi vida.
Luego vinieron los Saimazas, los Mostros, la caza de "ositos", las misas más hilarantes que haya existido nunca (gracias a tu tío de la tónica Schweppes), la bodega, sus muses y sus ensayos.
Me pongo a recordar y vienen mil momentos a la cabeza. Se me pone una sonrisa tonta, el alma blandita, y algo más de humedad en los ojos de lo normal.
Muchas gracias por ser un tipo honesto, por ser tan divertido, tan paciente, tan generoso y tan buen tío. Gracias por el hospedaje, por los calditos, por los portes, en fin, que como decía Loquillo, "He tenido suerte de llegarte a conocer", aunque ninguno de los dos llegaramos a Rock-n-roll Star. 
Bueno tío, que ha sido un placer, que estoy seguro que lo seguirá siendo mucho tiempo más, que ya sabes donde estamos y que eres un gran AMIGO y un tipo Enorme.
Un abrazo y Muchas Felicidades.